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En nuestro país, las cifras de divorcio rondan el 30% de los matrimonios que se celebran anualmente. Cuando una pareja con hijos en común decide no continuar con su relación, resulta lógico que la principal preocupación sean los hijos: ¿Cómo se lo decimos? ¿Cómo nos organizamos?

Muchas veces los padres se siente culpables y son incapaces de adoptar una actitud sensata y tranquilizadora que ayude a sus hijos a combatir el estrés e incertidumbre que la ruptura de su núcleo familiar les ocasiona. De hecho, los efectos que un acontecimiento de esta índole tienen sobre los pequeños abarcan diversos grados, empezando por la tristeza y soledad y acabando por casos realmente conflictivos y graves. Todo ello depende de varios factores; por ejemplo, cómo afecta la separación al poder adquisitivo de los cónyuges, en qué medida se establece una coparentalidad en el cuidado de los hijos, el grado de hostilidad existente entre los progenitores o a cuántos cambios (residencia, colegio) está expuesto el menor.

De cualquier forma, antes de nada, existen unas pautas de comportamiento por parte de los adultos que hay que observar para no maximizar el impacto negativo que una separación puede tener en los niños.

Reglas básicas de actuación delante de los niños

Cuando, por el motivo que sea, la convivencia en pareja se ha vuelto insostenible, hay que prestar especial atención a los siguientes aspectos.

Los niños no son responsables de la situación de la pareja y hay que evitar que vean o sufran  directamente toda la parte más dura de la separación, normalmente vinculada a los aspectos legales: repartos, custodia, régimen de visita…

¿Cómo ayudarles a hacer frente a la situación?

Probablemente los niños más pequeños hayan ya mostrado más nervios si han visto que las discusiones de los padres han aumentado, o estén más tensos, mostrando más lloros o pataletas. En el fondo, están intentando llamar más la atención de los padres. En los más mayores, la tristeza, la tensión o explosiones de ira pueden estar más presentes. No obstante, es entre los seis y doce años la franja de edad más complicada para aceptar y ‘digerir’ una ruptura conyugal.

Algunos consejos para tratar el tema con los hijos son los que exponemos a continuación.

logo_ReyesReyes Armada Arnau
Psicopedagoga Consultora
Especialista en TDA por el Grupo ALBOR-COHS
Directora del CIT-TDA Vva Pardillo