Don Ulpiano, párroco de la iglesia de Valdemorillo durante 37 años

Don Ulpiano Juan González Blasco tiene 84 años. Durante 37, ha sido el sacerdote del templo de Nuestra Señora de la Asunción de Valdemorillo. Nos cuenta que decidió marcharse de su cargo para dejar paso a las nuevas generaciones de párrocos. Coincidiendo con las fechas navideñas, ha mandando un mensaje de paz para todos sus vecinos.

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Don Ulpiano Juan González Blasco nació el 8 de enero 1930 en Madrid. Cuando empezó la Guerra Civil Española se trasladó con su familia a Alcalá de Henares porque allí la situación era más tranquila que en la capital, aunque nada agradable tampoco. La niñez de nuestra Voz del Ciudadano de hoy ha estado vinculada a la Iglesia Católica, era un niño piadoso de la época. En su tiempo libre, hacía de monaguillo en el convento de las escolapias y fue ahí donde sintió la llamada de Dios. Nos cuenta que con 14 años, entró en el seminario en el que estudió durante 12 años Humanidades, Filosofía y Teología. Solo veía a su familia cada 15 días y recuerda esta época de su vida con mucha devoción porque, aunque era notable la escasez de alimentos y la precariedad, el seminario le permitía acercarse cada vez más a la espiritualidad.

Finalmente, nuestro vecino se ordenó como sacerdote el 6 de junio de 1955 en la Catedral de San Isidro de Madrid. Su primer destino como párroco fue el municipio de San Agustín de Guadalix, en el que prestó servicio durante siete años. A Valdemorillo, Ulpiano llegó en agosto de 1962, pueblo en el que fue sacerdote hasta finales de 1999, un total de 37 años. En esa fecha, decide marcharse y dejar paso a las nuevas generaciones. Nuestro vecino se tomó un año sabático, viajo Roma y realizó un “curso de reciclaje” para sacerdotes. En el año 2001, empezó a echar una mano en la Iglesia de San Lucas del municipio vecino de Villanueva del Pardillo. Actualmente, también colabora con la oficina de Estadística y Sociología del obispado de Madrid. Entre los trabajaos que ha elaborado, destaca el callejero de todas las iglesias de la capital, entre otros muchas labores.

Los valdemorillenses viven la fe

Don Ulpiano se define como un hombre tímido, tranquilo, cariñoso, humilde y entregado a los demás. Entre sus aficiones destaca la lectura y la astronomía. Asegura que, pese a que en el seminario jugaba al fútbol, ahora no es muy deportista. Con todo, goza de una salud envidiable. Nos cuenta que no toma ninguna medicación, solo productos de parafarmacia, como omega 3 para el colesterol. De los vecinos de su pueblo, nos cuenta que viven mucho la fe, un sentimiento que está arraigado en la tradición y en la costumbre. En relación a esto, don Ulpiano ha destacado que los valdemorillenses son buenos feligreses y personas muy respetuosas.

De Valdemorillo, precisamente, le gusta su gente, la topografía del lugar y la calidad de vida. Ha asegurado que, pese a que todo se puede mejorar, está contento con su pueblo en general. Relata que cuando él llegó a la villa no había agua corriente en las casas ni servicio de recogida de basura, entre otras muchas cosas, por ello ahora no se queja de nada. Como curiosidades de Valdemorillo, nos explica que en el pasado tenía siete ermitas y que el cementerio del pueblo estaba ubicado en las proximidades de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Asimismo, de este emblemático edificio nos dice que en el pasado se situaba en otra posición distinta a la actual.

Coincidiendo con las fechas navideñas, Ulpiano ha querido mandar a sus vecinos de las tres poblaciones un mensaje de paz con el otro, con el prójimo, con el que tenemos al lado. Asimismo, ha animado a vivir la solidaridaridad y el amor. Los últimos años de su vida seguirá evangelizando la buena noticia viviendo en Valdemorillo.

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