Editorial: Pokémon GO, eso sí que es movilizar a la juventud

La fiebre Pokémon ha llegado a nuestros pueblos y, de la noche a la mañana, tenemos a nuestros jóvenes en las calles anda que te anda arriba y abajo, de la iglesia al ayuntamiento y de este al centro cultural de uno y otro municipio a la caza y captura de los monstruos de Nintendo. ¿Eso es bueno, malo o regular?

365
Editorial: Pokémon GO, eso sí que es movilizar a la juventud.

“¿Perdone señora, me permite pasar?, en su patio se esconde Vaporeon”. Bien podría ser este un comentario de un jugador de Pokémon GO bien educado. La fiebre del nuevo formato de juego Pokémon ha llegado a España y, en solo unos días, ha captado a la juventud como ninguna secta que haya existido a lo largo de la historia ha sabido hacer. A nivel mundial, se cuentan por millones los jóvenes que se han descargado esta app de realidad aumentada que tiene como protagonistas a los monstruitos creados para Nintendo en la década de los 90.

Como un virus de ultrarrápida propagación, el fenómeno Pokémon GO ‘afecta’ tanto a pequeños de 10 años que tienen su primer contacto con este universo a caballo entre lo real y lo imaginario como a treintañeros nostálgicos del videojuego tradicional. Y no es para menos, se trata de una propuesta original, interactiva y tremendamente adictiva. En nuestros pueblos, es la comidilla del barrio en los círculos juveniles, más virtuales que reales, aunque es tal el éxito de esta nueva entrega de la saga que nuestros jóvenes hablan de ello reunidos físicamente casi con la misma intensidad que lo hacen a través de los múltiples canales de comunicación on-line que manejan. Por cierto, una de las observaciones más comunes es lo tristemente habitual que es que se caiga el juego: demasiadas conexiones simultáneas, demasiada afición, morir de éxito que se llama.

La invasión zombie ha llegado a nuestras calles en forma de chicos y chicas que, mirando fijamente a la pantalla del móvil, se desplazan sin apercibirse de lo que pasa a su alrededor; con un objetivo fijo, con una misión: capturar a la mayor parte de criaturas Pokémon que puedan del más del centenar que hay a su disposición en este juego desarrollado por Niantic para smartphones con sistema operativo iOS o Android. Y lo malo es que la horquilla de edad es tan amplia que los peligros se multiplican. Ese deseo irrefrenable de avanzar en la aventura combinado con la posesión de carnet de conducir y coche es una mezcla explosiva. Incluso en la bici los jóvenes entrenadores Pokémon arriesgan la vida —o, al menos, los dientes, las rodillas…— por esa inmersión total en el reto Pokémon.

No hay nada más allá del mapa que se dibuja en el móvil, se sienten las vibraciones y el jugador se pone en modo ‘cazador’ y la iglesia de Valdemorillo deja de ser la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción para convertirse en Poképarada y tres cuartos de lo mismo pasa con el centro cultural villanovense y otros tantos puntos de interés cultural, histórico, deportivo, institucional… de nuestros seis pueblos recogidos en la app y geolocalizados con ayuda de Google Maps. La situación es tan abrumadora que algunas instituciones —todavía no en nuestras localidades— han pedido que se les elimine del entorno para dejar de tener visitas no deseadas.

Hay que reconocer que el videojuego engancha, es divertido, saca a los chicos a la calle, les permite conocer su ciudad y las poblaciones aledañas, les enseña a dominar mapas, descubrir los lugares de interés de su entorno… ¡Menuda faena para la recién lanzada app ‘Tiempo de San Lorenzo’! La idea era buenísima, pero el rival es muy duro de pelar porque un juego es un juego y este, utilizando la misma tecnología de realidad aumentada, ha calado profundamente entre la juventud.

Por suerte, aún estamos lejos de las costumbres estadounidenses y no disparamos a desconocidos que han parado su coche frente a nuestro hogar no con intenciones de asaltarnos, sino persiguiendo a un legendario. Allí, primero se dispara y luego se pregunta. Aquí, primero se critica (“Estos deben estar borrachos”) y luego también (“¡Ah no!, están tontos con el juego ese”). En fin, el nuevo formato de Pokémon se merecía un comentario editorial en este humilde periódico de ámbito local que tiene constancia de que el fenómeno no nos es ajeno, que se trata de una brillante idea y que reconoce sus virtudes y sus pegas.

Ahora, el secreto para aprovechar todo su potencial está, como no podía ser de otra manera, en la moderación y el uso responsable, como ha indicado incluso la Policía Nacional. Aquí os esperamos impacientes por saber vuestra experiencia con Pokémon GO, ya sea como jugadores o espectadores. Escribidnos a redaccion@clavelocal.com y contadmos vuestro parecer.

Compartir