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Hace 26 años que Nino Gil Rubio abrió el restaurante Versalles en Valdemorillo y empezó a echar raíces en la villa serrana. A lo largo de estos años, Gil Rubio probó suerte en el municipio con otros siete establecimientos de hostelería con los que por diversas razones no continuó.

Asimismo, fue el presidente de la Asociación de Hostelería valdemorillense durante un tiempo y promovió durante cuatro años la celebración de conciertos en la calle para potenciar el talento local y contribuir a la estimulación del consumo interno. De la misma manera, asiste regularmente a los Plenos para estar al tanto de la actualidad de la Corporación. En pocas palabras, desde que llegó al municipio, ha participado activamente en la vida local. Conozcamos su historia.

Un emprendedor impenitente

De familia ‘gata’, Nino Gil Rubio nació en Madrid un 25 de junio de 1951, siendo el primero de tres hermanos. Tras concluir los estudios de Primaria, con solo 13 años entró a trabajar como aprendiz en Confecciones Santa Clara y salió con nociones de corte y confección que consolidó con estudios de moda femenina: estilismo, patronaje y diseño. Esto le impulsó a montar su propio taller y dos boutiques de moda en la capital madrileña, una aventura que acabó al cabo de un par de años.

Su espíritu inquieto le llevó a realizar un periplo por Europa en el que visitó países como Holanda, Austria, Yugoslavia e Italia. En este último, pasó un año viviendo en su coche escarabajo aparcado bajo un puente. Recuerda aquellos tiempos como “una época muy bonita de mi vida”, en la que subsistía diseñando y fabricando accesorios de cuero. Tras cumplir el servicio militar a la edad de 21 años, se introdujo por primera vez en el mundo del ocio y la hostelería abriendo una discoteca en Torremolinos, que dejó al año y medio para volver a Holanda y asumir la gerencia de otro negocio hostelero durante 8 años.

De vuelta a España, simultaneó sus dos oficios con la apertura de una boutique y un pub en Madrid. Pero, parecía irle mejor en el ramo de bares y restaurantes, así que arrancó otros cinco negocios en el Madrid de los Austrias. No obstante, llegó un momento que primó la necesidad de ganar calidad de vida y puso el foco en la sierra noroeste. Conservando solo una cervecería, La Mayor, especializada en cervezas internacionales, se dirigió a Villanueva de la Cañada en 1987 y regentó un bar durante tres años. Pero, debía ser demasiado poco para un hombre acostumbrado a emprender. Así, observó que en Valdemorillo había muchas oportunidades para el sector hostelero y de comercio y en 1990 abría el Versalles.

Tuvo 8 años como residencia una casita de madera en el antiguo camping de Valdemorillo hasta que compró una casa en el casco urbano del pueblo. Hoy en día, es propietario del restaurante valdemorillense y de otro más en Villanueva del Pardillo especializado en cortes de vacuno que recientemente ha cambiado el nombre de ‘Vaca y Lubina’ por el de ‘Vaca y Lucía’, en honor a su hija menor. Es soltero y padre de dos niñas.

La política llega a su vida

En las elecciones de 1999, se presenta como segundo en la lista del partido independiente CID y obtienen un concejal en el Consistorio. Debido a ciertos desacuerdos con el edil, se va de la formación. En 2007 se aproxima al ideario de UPyD y, más tarde, se afilia al partido magenta. Luego se da de baja, para terminar nuevamente afiliado y, más aún, como candidato a la Alcaldía de Valdemorillo por Unión Progreso y Democracia para la próxima legistaltura.

Gil Rubio asegura que ha participado en la política local asistiendo a plenos y conferencias y ahora quiere poner su información y experiencia al servicio del pueblo pero dentro de las instituciones. “Voy a las elecciones porque creo que puedo hacer cosas para mejorar el pueblo, pero me he propuesto estar solo 4 años en política”, afirma. Y añade: “Yo nunca haré un pacto de gobierno que vaya en contra de mi programa”.

De Valdemorillo, le gusta lo rural, el paisaje y las posibilidades que tiene, aunque se queja de que, por mucho tiempo que pase, la gente “no te deja identificarte como uno más, siempre serás foráneo”. En cuanto a su personalidad, comenta que es innovador e intenta ser buena persona y no hacer daño a los demás. Aunque no se considera rencoroso ni cabezota, reconoce que tiene un temperamento fuerte. Este adicto al trabajo, quiere “morir con las botas puestas” y dentro de 10 años se ve en su casa de Asturias montando otro negocio. Por el momento, tiene otro proyecto de trabajo en Villaviciosa que no ha querido desvelar. Entre sus aficiones, se encuentra la música ─canta sobre todo versiones de Sabina y Serrat─, la lectura y montar en bici eléctrica. Como caprichos, los coches, “tengo tres, es el único capricho que me doy”, confiesa.

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